Por qué escribimos la TAE en la primera línea del contrato
Un contrato de préstamo no debería leerse dos veces para entenderse. Volvimos a redactar los nuestros hasta que la línea uno dijera lo esencial.
Durante décadas, la TAE de un préstamo se ha desplazado. De la primera página al pie, del pie a un anexo, del anexo a una nota. Ese desplazamiento no es inocente: cada centímetro que separa la cifra del titular protege al prestamista y desorienta al prestatario.
Escribir es comprometerse
Al recuperar la TAE en la primera línea, aceptamos algo simple: aquello que escribimos, lo firmamos. No hay margen ulterior, no hay revisión trimestral, no hay cláusula suelo escondida bajo una fórmula elegante.
El precio del tiempo
Una TAE fija hasta el último pago no es un producto de marketing: es una promesa de tiempo. La promesa de que dentro de veinte años, el préstamo que firma hoy tendrá exactamente el coste que dice tener.
Nada más. Nada menos.
